Beneficios de la meditación grupal.

La meditación suele a veces relacionarse con gente que quiere apartarse del resto de las personas, pero no hay nada más lejos de la realidad.
El meditador principalmente lo que busca con su práctica es un lugar, un espacio que dedica a conocerse, a obtener respuestas, a observar sus sensaciones y emociones para realmente lograr serenidad y felicidad.
Y precisamente cuanto más nos conocemos más capaces somos de relacionarnos saludablemente y vivir en armonía con nuestro entorno.
Cuando entramos en la meditación, la energía física, emocional y mental tiende a calmarse.
Al alinearnos, permitimos que nuestro ser interior aflore y comenzamos a sentir su suave naturaleza. Y mientras todo esto sucede como experiencia privada, también estamos radiando esta vibración al exterior desde nuestros cuerpos al ambiente externo.
Cuando meditamos en grupo (#meditacionintegralgrupal) las sensaciones son diferentes a cuando meditamos solos. El grupo ayuda a los procesos personales de cada uno ya que cada uno de nosotros contribuye al ambiente grupal.
La energía grupal es muchísimo más potente que la que pueda tener cada individuo. Nuestros cuerpos energéticos experimentan los cambios en vibración y esto ordena y armoniza nuestro sistema nervioso.
Como radiamos y a la vez podemos sentir la energía creada por los demás, es fácil ver como la meditación en grupo puede ser beneficiosa: Hay un efecto “onda” que multiplica su beneficio. Es similar al efecto físico que se puede observar en el mar cuando las olas pequeñas sirven para crear una ola más grande. Así, la calmada vibración de una sola persona ayuda a otra persona. Y cuando se calma, contribuye a que otra persona pueda calmarse. Olas de calma toman más y más fuerza. Y así, el grupo completo va creando un ambiente, un camino, para que todas las demás personas en el grupo puedan enriquecerse, potenciarse y beneficiarse alcanzando el mismo estado.
¿Cuál es la belleza de la meditación en grupo? El apoyo colectivo a la vez que al refuerzo de la potencia personal. Compartimos el proceso de relajarnos y conectarnos grupalmente, a la vez que potenciarnos personalmente.
El efecto ambiental combinado de varias personas compartiendo el silencio hace mucho más fácil a todos lograr relejarse, centrarse y alinearse, ya que esta vibración les toca, suaviza y une.
El silencio consciente compartido en grupo es un acto de ayuda mutua y cooperación espiritual que transciende la separación aparente entre las personas. Es también extraordinariamente útil para ayudar a las personas en la vida cotidiana, por ejemplo, en el trabajo conjunto. Sin tumultos, en silencio, nuestras vibraciones de la personalidad se amoldan y armonizan unas a las otras, creando siempre puentes que evitan las confrontaciones.
De todo el mundo se puede aprender algo. En un grupo de meditación las dudas o comentarios de los compañeros siempre pueden ayudar a los procesos personales. Los procesos por los que tiene que pasar un meditador suelen ser muy parecidos a los del resto, las dudas o dificultades que encuentren unos, ayudan al resto del grupo.
En definitiva, ayuda mutua y amor compartido!!!
Meditamos grupalmente en nuestros talleres…
Jorge Cohen

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El beneficio que nos aporta la meditación grupal y formar grupos espirituales.

“Cada vez que acudimos a nuestras reuniones fraternales, es como si cada uno aportara un fruto de su jardín, de su campo, de su alma; y la atmósfera se llena de emanaciones deliciosas que todos pueden saborear. Así, en vez de verse obligado a conformarse con rábanos,  tomates, o colinabos — hablando simbólicamente — que cultiva en su huerto, cada uno come de todo.  Porque ahí hay amables criaturas que aportan manzanas, ciruelas, peras, etc…, es decir la paciencia, la dulzura, la fuerza, la salud, el amor, la ternura, la pureza, la inteligencia, la fe, la esperanza…

¡Hay muchas cosas con las que hacer un banquete!

He aquí la razón de ser de una fraternidad espiritual. Mientras permanezcáis solos en vuestra casa, viviréis en la pobreza.

En una fraternidad espiritual es donde hallaréis la abundancia, es ahí donde el Cielo distribuye sus riquezas a través de cada uno de vosotros.”

Omraam Mikhaél Aivanhov (1900-1986, maestro espiritual francés de origen búlgaro).


Cuando nos centramos en la meditación, la energía física, emocional y mental tiende a calmarse. Cuando nos alineamos, permitimos que nuestro ser interior aflore y comenzamos a sentir su suave naturaleza. Y mientras todo esto sucede como experiencia privada, también estamos radiando esta vibración al exterior desde nuestros cuerpos al ambiente que nos rodea.
En la meditación grupal cada uno de nosotros contribuimos al ambiente grupal.
Nuestros cuerpos energéticos experimentan los cambios de vibración y esto sujeta a nuestro sistema nervioso. Como radiamos y a la vez podemos sentir la energía creada por los demás, es fácil ver como la meditación en grupo puede ser beneficiosa:
Hay un efecto onda que multiplica su beneficio. Es similar al efecto físico que se puede observar en el mar cuando las olas pequeñas sirven para crear una ola más grande. Así la calmada vibración de una sola persona ayuda a otra persona. Y cuando se calma, contribuye a que otra persona pueda calmarse. Olas de calma toman fuerza.
Y así, el grupo completo, se enriquece y beneficia de las personas que se calman primero. Estas primeras personas son las que crean un ambiente, un camino, para que todas las demás personas en el grupo puedan alcanzar el mismo estado, siempre que no se cierren a ello creando negatividad.
Las personas frecuentemente tienen su primera experiencia de centramiento en grupo.
El efecto ambiental combinado de varias personas compartiendo el silencio hace mucho más fácil a todos, pero especialmente a los principiantes, lograr centrarse y alinearse, ya que esta vibración les toca, suaviza y alinea.
Una de las características interesantes de la meditación grupal es que casi todo el mundo nota cuando todo el grupo se ha relajado y centrado. Puede ser también un gran apoyo para meditadores más experimentados.
El silencio consciente compartido en grupo es un gesto simbólico de cooperación espiritual que transciende la separación aparente entre las personas.
La belleza de la meditación en grupo: apoyo colectivo pero poder personal.
Compartimos el proceso de relajarnos y centrarnos. Luego, con el apoyo del centramiento del grupo, en un ambiente suave, podemos continuar con nuestra propia meditación personal a lo largo de nuestra vida cotidiana.
El silencio compartido es también extraordinariamente útil para ayudar a las personas en la acción, por ejemplo, en el trabajo conjunto. Sin tumultos, en silencio, nuestras vibraciones de la personalidad se amoldan y acostumbran unas a las otras.